Inside the Issues

Detrás del lujo

Below deck on cruise ship*









2003  

Bajo cubierta trabajan marinos explotados que viven en sórdidas condiciones

A magia de Disney es la ilusión en la que se basa el nombre. Uno de los dos cruceros propiedad de esta corporación americana multimillonaria, cuyo jefe ejecutivo gana un mágico millón de dólares al año, se llama el Disney Magic. Para mantener esta ilusión, el nombre del otro crucero es Disney Wonder.

Cuando nuevos miembros se enrolan en la tripulación, se le lleva para clases de formación a Disney World (Florida) y se les dice que “son miembros del reparto”. La fantasía de Hollywood dura hasta que llega la realidad, “Disney es como un libro” dijo uno de los asistentes de cocina de Trinidad, totalmente desilusionado. “Tiene una cubierta preciosa con imágenes muy bellas. Pero cuando miras dentro, solo hay suciedad.”

Se sabe que Disney está en contra de los sindicatos, aunque no está sola, ni mucho menos, en este respecto. El mismo contraste diametral entre las condiciones de los pasajeros y las de la tripulación es la norma más que la excepción en la flota mundial de cruceros.

Las últimas dos décadas han experimentado un aumento fenomenal de la popularidad de las vacaciones de crucero, ya que mucha más gente puede permitírselas. El turismo en cruceros es una de las industrias en crecimiento del mundo, con un aumento de aproximadamente el 10% al año desde el inicio de los noventa y desbancando a cualquier otro sector de la industria marítima durante casi veinte años.

Esta mejora es inversamente proporcional a la de las condiciones de trabajo de la tripulación, que tiene que trabajar cada día más duro y se encuentra bajo más presión. El turismo de cruceros es un típico microcosmos de la economía global: Arriba, en las cubiertas embarcaciones que quitan el aliento, atracando en puertos exóticos cuando bajan de su hotel flotante, con todo tipo de lujos y con todas sus necesidades cubiertas. Por debajo de ellos, los marinos a los que no ven trabajan sin descanso en las cocinas y lavanderías durante horas, ganando una miseria y trasladados de un trabajo a otro a voluntad de la dirección. Puede que se les castigue si osan asomar la cara en las cubiertas para pasajeros.

Este contraste espantoso queda reflejado en un amplio informe sobre la industria realizado por la ITF y War on Want. Bajo el título de Barcos de explotación (la realidad de los que Trabajan a bordo de los cruceros), Celia Mather, autora del mismo, subraya el abismo que puede existir entre la existencia lujosa de los pasajeros y las condiciones y el trato a menudo miserable infligido a la tripulación.

No parece haber indicios de mejora. Después de ver los espacios destinados a la tripulación a bordo del Joywave de propiedad chipriota, Jim Given, Director de la Campaña de cruceros de la ITF, señaló: “Pensaba que lo había visto todo, pero nunca antes había encontrado condiciones de vida tan malas como las de este barco. Era totalmente patético. 400 marinos sin vida en su mirada”. Había dos duchas y sólo un retrete funcionando para una tripulación de 100 hombres y mujeres, y un comedor para 300 personas. La tripulación dormía en cabinas muy reducidas para seis personas. Les trataban, explica Given, como si fueran criminales.

En los cruceros, los empleados de “hostelería” - cocinas y lavanderías – suelen ser los más explotados del sector, conforme al profesor Tony Lañe, Director del Centro internacional de investigación de la gente de mar de la Universidad de Cadiff (Reino Unido). Para los marinos de los países pobres, el trabajo es similar al de los talleres clandestinos de los que creían haber huido, y sufren prácticas de dirección igualmente abusivas.

Pero, para algunos marinos de los países en vías de desarrollo, el trabajo en el mar puede incluso ser peor que el de casa. Prácticamente se convierten en esclavos por las tasas ilegales que les cobran los agentes de contratación. Como han pedido dinero prestado a un interés muy alto para conseguir el trabajo, tienen que cumplir el contrato, a pesar de que se les trate muy mal. Si lo dejan, se encuentran en una espiral de deuda creciente.

Las vidas de miles de marinos se caracterizan por:

  • contratos inseguros a corto plazo
  • sueldos bajos y gastos elevados incluidas comisiones ilegales que les cobran las agencias por el trabajo
  • largas horas de trabajo intenso y estresante
  • amenazas, favoritismo y discriminación racial y de género
  • rotación elevada del personal, fatiga, escasa formación con las repercusiones consecuentes en la seguridad.
  • empresarios que presentan una hostilidad clara o resistencia a los sindicatos y a la negociación colectiva.
Las prácticas escandalosas y anticuadas frecuentemente incluyen la segregación por razón de género, color de la piel o nacionalidad, de manera que los occidentales siempre consiguen los trabajos “visibles” y de “contacto”, mientras que los trabajadores de los países en desarrollo (especialmente Asia, el Caribe, América Latina y Europa del Este/Central) están destinados a ocupar los trabajos menores en restaurantes, bares y cabinas, la sala de máquinas y las cocinas. La explotación es también peor para aquellos que ocupan las categorías inferiores de la jerarquía laboral. Como normalmente no tienen contratos que describan sus funciones, se les traslada a voluntad.

La discriminación es moneda corriente: Se indica a las mujeres de Asia que “deben oler a limpio”, algo que jamás se dirá a una occidental.

En Puerto Cañaveral, las autoridades del puerto se han visto presionadas para que no dejen andar por el área portuaria a las tripulaciones de los cruceros. Parece ser que la vista de los mismos interferiría con la imagen que desean proyectar a los pasajeros.

A bordo, los sueldos son bajos y las horas largas. Casi un tercio de los trabajadores de cruceros trabajan jornadas de 10 a 12 horas. Por debajo de un tercio, de 12 a 14 horas. Un estudio de la ITF a casi 400 buques de crucero demostró que más del 95 por ciento trabajaba siete días a la semana. Como carecen de convenio sindical, estas largas horas y semanas sin tiempo libre se consideran “horas de trabajo normal”.

strip-4

 

Vidas distintas

El brillo
Desde 1980, el número de buques de crucero ha aumentado un 153% y el de pasajeros un 700%. En 2001, 12 millones de pasajeros se embarcaron en un crucero.

Los europeos se han aficionado a hacer cruceros, que aumentan un 15% al año desde la mitad de los noventa, y representan un quinto de todos los pasajeros -en su mayoría de los países industrializados, de clase media y raza blanca. Los europeos se embarcan en cruceros de mayor duración, sector que se considera un enorme mercado de gran potencial.

Cuatro compañías gigantes dominan el sector: Carnival (Miami), Royal Caribbean (Oslo, Noruega), P & Princess (Londres) y Star Cruises (Pulau Indah, Malasia).

La lista de pedidos de buques de crucero jamás ha estado tan repleta: 41 cruceros encargados a finales de 2001, con un coste total de 14.700 millones de dólares. Se aprecia una tendencia hacia los grandes barcos, ya que con buques más grandes y nuevos, los costes por pasajero se reducen. La proporción entre pasajeros y tripulación es de 3 a 1 frente a los 2 a 1 en los barcos más antiguos.

Las compañías de cruceros más importantes poseen puertos, clubs de veraneo y "villas turísticas". Algunas poseen en propiedad islas del Caribe.

La realidad

El 70% de las 114.500 personas que empleada en los cruceros trabaja como personal de hostelería y restauración; los trabajos sin prestigio son para los trabajadores de los países más pobres. Quienes proceden de los países industrializados consideran este trabajo como una etapa provisional y una oportuni­dad para ver el mundo. Quienes proceden de países más pobres -Asia, América Latina, El Caribe y ahora Europa del Este - se han visto a menudo forzados a trabajar en el extranjero debido a
la desesperada situación económica de su país.

La mano de obra está segregada casi como en tiempos coloniales, no por su cualificación o educación, sino por el color de la piel, la nacionalidad y el género. Los empleados con mayor categoría tienen sus propios restaurantes con servicio de camareros y comparten una cabina entre dos, a menudo por encima de la línea de flotación. Bajo cubierta, los pasajeros de menor categoría duermen en cabinas exiguas y se les prohíbe mostrase públicamente. Es muy extraño encontrar personal de países industrializados bajo cubierta, a menos que sean contramaestres o mano de obra cualificada.

Áreas enteras del barco están prohibidas para quienes trabajan bajo la cubierta de pasajeros. Cuando un crucero atraca en puerto, los que ganan más toman el autobús de la compañía para dirigirse a los cibercafés de la ciudad, y los que ganan menos se dirigen a las misiones de marinos dirigidas por la iglesia local, donde los voluntarios les ofrecen una comida gratuita y les permiten utilizar los ordenadores sin cargo alguno.

A veces se prohíbe a los miembros de la tripulación hablar su propio idioma, incluso durante el tiempo libre, para impedirles formar grupos e intercambiar opiniones en privado. Los que ocupan puestos superiores pueden hablar su propia lengua, aunque la norma es hablar en inglés en presencia de los pasajeros.

A las mujeres se las contrata para empleos de "acogida" a los pasajeros. La mayoría tienen menos de 35 años, al contrario que los hombres, que normalmente trabajan hasta bien entrada la cincuentena. Las mujeres que trabajan como capitán o en los departamentos de cubierta y máquinas son muy pocas.
Los empleados suelen quejarse del autoritarismo y la agresividad de los mandos, así como de un favoritismo endémico. Algunas compañías recurren, como herramientas de gestión, a multas puntuales, trabajos pesados y despidos instantáneos.


¿Nacionalidad?

Un manifiesto de la tripulación de Carnival fechado en el 2000 muestra que la dotación, compuesta por 936 personas, procedía de 6/ países, principalmente:

Chile, China, Colombia, Costa Rica, Croacia, El Salvador, India, Italia, Nicaragua, Perú, Filipinas, Rumania, Reino Unido, Estados Unidos y Uruguay. Los oficiales de barco y los directores y supervisores eran todos estadounidenses y británicos.


Dícen que...

"Si hablas con el corazón ya estás despedido. Siempre has de decir que “sí”. O al menos tienes que mantener la boca cerrada. No es práctico pensar en una carrera a largo plazo, sólo tienes unos pocos años si eres afortunado. Acabo de hablar por teléfono con mi padre. Me ha dicho “No importa que seamos pobres, ven a casa”. Pero he tenido que tomar un préstamo de 800 dólares para pagar al agente que me consiguió el trabajo y todavía no he ahorrado lo suficiente para devolverlos, y además tienen mi pasaporte."

-Relato de un “hombre patata” de nacionalidad india que pelaba verduras durante 11 horas al día a bordo del Carnival Festival.

"Tenemos que procurarnos nuestro propio uniforme, bolígrafos e incluso un mechero para encender los cigarrillos de los pasajeros y un abridor para las botellas de vino."
"No nos pagan si nos ponemos enfermos."
"Tenemos que comprarnos los guantes de seguridad."
"No se nos permite llamar a casa, incluso en emergencias, sin pagar antes la llamada."
"Tenemos que hacer cola para utilizar las cuatro lavadoras, tenemos dos secadoras y dos planchas disponibles para toda la tripulación, que también tiene que comprar el detergente para lavar."
"Nos dan más trabajo si no se cumplen las normas, aunque la tripulación solo llega a conocerlas cuando las incumple”

Una camarera del bar del Carnival Fantasy.